La plaza de las tres culturas al otro día. | Foto Armando Lenin Salgado

¿CÓMO VOLVER A SER COMO ANTES? …

POR ALEJANDRO ENRIQUE GUERRERO FLORES

Ahí, tirados en el piso de una cafetería del basamento del Edificio 2 de abril de la unidad habitacional Nonoalco Tlatelolco, casi 2 horas después de saltar desde la Plazoleta por donde arribó la tropa de paracaidistas al estallido de la luz de bengala lanzada desde el helicóptero que sobrevoló la concentración de los miles de estudiantes que escuchaban a los oradores situados en la tribuna del tercer piso del edificio Chihuahua.

Casi a las 7:30 de la tarde el tiroteo continuo y repetitivo de los disparos de las armas de los militares que apuntaban hacia lo alto de los dos edificios, parecía como granizo que caía sobre láminas acanaladas de aluminio.

Tirado junto a sus hermanos V y J y los tres compañeros de la universidad con quien estaba al inicio del ataque, luego de la entrada de un contingente con una manta en la que se leía en mayúsculas Los ferrocarrileros con ustedes y de escuchar a Florencio López, dirigente del Politécnico, cancelar la marcha hacia el Casco de Santo Tomás, ocupado por la policía y los militares a partir de las desiguales batallas del 24 de septiembre.

Sin recordar cómo quedaron atrapados en el interior de esa cafetería, le pasó por la mente que el último punto del pliego petitorio del movimiento era la libertad de los presos políticos, entre otros, la de los líderes ferrocarrileros presos desde el sexenio anterior, Demetrio Vallejo y Valentín Campa.

El tiempo parecía detenerse, pero se percató que anochecía, luego de que casi a las 6 de la tarde había iniciado la dispersión, represión y matanza de los asistentes al mitin; ahí tirado escuchaba los lamentos de su hermano V quien se preguntaba “¿cómo llegamos a esto? ¿por qué?”.

Cuando la tarde palideció, vieron desde atrás de las cortinas de la cafetería, cómo un tanque se apostó frente al Chihuahua y disparó su torreta cañonera sobre el tercer piso, que comenzó a arder en esa sección. ¿Indemnización de los estudiantes muertos y heridos, en esa tarde de llanto, dolor y sangre?

Le respondió a V. en silencio, pero con el pulso palpitando en el cerebro: llegamos a esto por lo de abril de 1966 cuando Díaz Ordaz recibió al presidente de Norteamérica quien sostenía la Guerra de Vietnam y vimos cómo la policía antimotines cargaba a los estudiantes a golpe de macanas y humo de granadas lacrimógenas, cuando se dirigían a protestar por la visita de Lyndon B. Johnson.

Durante el 68 se incorpora la demanda del cese de los jefes de la Policía capitalina y del mando de los antimotines.

Contempla el remate iluminado del último piso de la Torre Latinoamericana, ubicada fuera del perímetro de llantos, gritos, disparos, voces altisonantes de jefes de oficiales que entraban y salían de los escondites de estudiantes; esas luces parecen marcar la hora en el rascacielos cuya construcción se inició el año cuando él nació, como un cordón umbilical que lo sacaría de ese doloroso vientre y lo pondría esquinas adelante a salvo de lo que ocurría.

Pero le vino que esto sucedía no sólo México, con el argumento de acabar con la conjura comunista internacional, ya que miles de jóvenes luchaban socialmente en otras latitudes del continente contra los sumisos gobiernos aliados de los Estados Unidos, la gran mayoría dictaduras militares o civiles.

Ejemplo: el presidente de facto de Bolivia, René Barrientos, artífice de la matanza de mineros la noche de San Juan, represor de las protestas de estudiantes y brazo ejecutor, un año atrás, del legendario guerrillero Ernesto el Che Guevara.

Alba, la hermosa mujer de piel dorada que salía contigo y que te hizo soñar con las casas de madera en la costa Caribe de British Honduras, te confió una noche después del amor, que un oficial cercano al general Juan Velasco Alvarado, quien el 3 de octubre del 68 daría un golpe de Estado en el Perú, habría secuestrado a su pequeño hijo en Lima y seguiría en su busca, como muchas madres en Argentina, Paraguay, Brasil, Nicaragua, Haití y El Salvador, donde la represión de Estado era cotidiana y lo que estaría por venir en Chile, Colombia y Guatemala.

Con recursos legales y con allanamientos violentos en nuestros países existían reglamentos muy similares a los artículos 145 y 145 bis del Código Penal, cuya derogación se impulsó como quinto punto del pliego petitorio.

¿Cómo llegamos a esto, hermano V?: el hilo viene de cuando Gustavo Díaz Ordaz dejaría su mano tendida en Guadalajara, luego de las violentas y sangrientas noches al inicio del movimiento entre el 26 y el 30 de julio del 68, en el barrio universitario, que culminaron con el destrozo de la centenaria Puerta del Edificio de la Preparatoria 1 mediante un “bazookazo” de un paracaidista al mando de José Hernández Toledo El naranjero , comandante del asalto a la Universidad de San Nicolás de Hidalgo en Morelia y la de Hermosillo en Sonora, un par de años antes de la masacre en Tlatelolco.

Deslinde de responsabilidades , tercer punto de un Pliego Petitorio que se exigió por parte del C.N.H. y la Coalición de Maestros y Padres de Familia fuera discutido en forma pública.

Lloviznaba en Tlatelolco, el agua que caía desde las nubes, metafóricamente lavaba las baldosas teñidas de sangre de estudiantes, niños y habitantes de esos multifamiliares, algunos casi ajenos a la protesta de los jóvenes estudiantes. El cine Tlatelolco proyectaba una película: La trampa, ¿coincidencia?

La misma lluvia que nos empapó el 31 de julio cuando acompañamos al rector Javier Barros Sierra en la marcha que salió de las instalaciones de Ciudad Universitaria y llegó a la Av. Félix Cuevas, sacando al Movimiento de las aulas universitarias a ganar la calle, como sucedió durante 72 días de gesta de ciudadanía y conciencia de la juventud a la que se le concedería la mayoría de edad a los 18 años para poder aplicarle más cargos “legales” represivos.

La misma lluvia que nos empapó el 31 de julio cuando acompañamos al rector Javier Barros Sierra en la marcha que salió de las instalaciones de Ciudad Universitaria y llegó a la Av. Félix Cuevas, sacando al Movimiento de las aulas universitarias a ganar la calle, como sucedió durante 72 días de gesta de ciudadanía y conciencia de la juventud a la que se le concedería la mayoría de edad a los 18 años para poder aplicarle más cargos “legales” represivos.

Frente al Hospital 20 de noviembre del ISSSTE los médicos y enfermeras gritaron vivas al Movimiento, recordando su lucha de los años 1965-66, que derivó en una huelga médica nacional, con represión a las batas blancas, cárcel, tortura y exilio de los líderes, precedida un año antes con la desafortunada huelga en la UNAM que concluyó con la destitución del rector, Dr. Ignacio Chávez, todo esto en el marco del inicio del sexenio “desarrollista” de Díaz Ordaz.

Llovía también cerca de las 9 de la noche poco antes de que un Mayor del ejército les permitiera salir del Edificio 2 de abril y les dijera que había un “canal” de seguridad por el que desalojaban civiles.

Alcanzaron la calle de Comonfort resguardados en una vecindad, luego de sortear la furia de los granaderos de la policía ( Desaparición de los cuerpos de granaderos, segundo punto ).

Llovía como las gotas de los cabellos de la mujer que atravesaría en su recuerdo como Amanda; como la compañera de enfermería que lo abrazo con intensidad y pasión revolucionaria la noche de las guardias en la Iglesia de Topilejo en septiembre, antes de la manifestación del silencio, que fue una serpiente inalcanzable rumbo al Templo Mayor la noche del viernes 13 y que acalló las bayonetas de la represión.

¿Volver a ser como antes después de las calles libertarias que fueron nuestras?¿Después del mayo en Nanterre? ¿Después de Ñancahuazu? ¿Después de Vietnam? ¿Después de Praga? ¿Después de la Teología de la liberación?

¿Después de Camilo Torres? ¿Después de los Beatles? ¿Después de María Sabina? ¿Después de Rubén Jaramillo? ¿Después de nuestros presos políticos, de nuestros desaparecidos? ¿Después de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez?

¿Después de la renuncia de Octavio Paz en la India? ¿Después del “poder negro”? ¿Después de Haight and Ashbury? ¿Después de “hagamos el amor y no la guerra”? ¿Después de De la imaginación al poder ? ¿Después del México que despertó y con el que despertamos hace 50 años?

¿Cómo volver a ser como antes?...

* Médico, especialista en Infectología y Docencia, egresado de la UNAM en 1971